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martes, 3 de mayo de 2011

Feliz Díaz


Amigos, aquí les traigo una publicación de un amigo twittero que tuvo la maravillosa inspiración de escribir este  fascinante texto, ahí les va, saludos!!


Por Lisandro Arijon


Feliz visitaba las casas de sus “hermanos” de la comunidad toba La Primavera a diario, intentaba ayudarlos en lo que pudiera. Él no es un asistente social, ni médico ni abogado… es un hermano toba.

Durante una de esas recorridas encontró a una señora postrada en la cama “de un metro sesenta más o menos y unos 35 kilos”, “me daba vergüenza preguntarle si la podía ayudar en algo, si yo no tenía nada para ofrecerle, la señora solo me pidió que le consiguiera algo para bajar la fiebre y los dolores, aunque sea por ese día” recuerda mientras su mirada se pierde fija como buscando el recuerdo.

En búsqueda de calmar los dolores de su hermana, Feliz viajó hasta la ciudad para buscar ayuda en el hospital (PÚBLICO Y GRATUITO), donde después de ir y venir logró hablar con el director. Luego de darle los datos de la señora enferma, el director le comunicó a Feliz que según sus registros esa persona estaba fallecida. Feliz le explicó que acababa de estar con ella y que su situación era extremadamente urgente, así que lo del registro erróneo quedo en un segundo plano.

Pero… ¿saben por qué esa indígena estaba dada por muerta por nosotros la “civilización colonizada”? porque cinco años atrás del episodio que estamos narrando había sido internada en ese mismo hospital y se había escapado debido al maltrato y la discriminación a la que era sometida por médicos y enfermeros.

Volvamos a cuando Feliz le pedía ayuda al director del hospital, después de que este se confesara un títere del gobierno, le ofreció darle una caja con el tratamiento que la paciente necesitaba para los próximos tres meses, siempre y cuando este se hiciera cargo de suministrarlo. “Yo no podía aceptar semejante responsabilidad, nunca había aplicado una inyección, era una vida la que estaba en riesgo no se podía jugar con ella”. El director insistía con que Feliz sea el encargado del tratamiento y le ofreció capacitarlo para poder hacerlo. “Con mucho nerviosismo cerré los ojos y acepte”, durante tres días aprendió a colocar inyecciones y demás técnicas para poder ayudar a su hermana toba.

Al regresar a su comunidad Feliz le propuso un trato a su ahora paciente en el cual él se comprometía a viajar todos los días cuatro kilómetros a pie hasta la casa siempre y cuando ella se encontrara a la hora pactada, ni un minuto más ni uno menos. “Yo no podía perder el tiempo, mi familia también me necesitaba, también tenía muchas necesidades”. La paciente aceptó el trato y el tratamiento comenzó.

Luego de veinte días de colocar inyecciones entre la piel y los huesos, el ahora enfermero Feliz llegó a la casa con la sorpresa de que su paciente no estaba, su hermana rompió el trato, faltó a su palabra… Feliz sin embargo la buscó por el lugar hasta que la encontró…

“Hermana: ¿por qué rompió nuestro trato?, habíamos quedado que iba a estar en la casa”, su hermana toba le contestó que le agradecía pero que ya no quería continuar con el tratamiento. “Pero con todo lo que nos costó conseguir las cosas, esta mejorando… quiero que me diga porque abandona ahora”.

Luego de preguntarle varias veces la indígena le confesó:

“Hermano siento mucha vergüenza de decirle esto, pero ya no quiero tomar los remedios por más que me estén sanando… porque cuando los tomo me agarra hambre”.

(Me cuesta seguir relatando)

Su hermano no se dio por vencido, les contó la situación a todos los vecinos de la comunidad, ellos ayudaban a diario a juntar alimentos para que su paciente siguiera adelante. Así fue como a tres días de cumplirse los tres meses “el tratamiento se cortó, pero no porque mi hermana no quisiera continuarlo, sino porque ya no me daba el lomo para seguir a mí… yo fui el que no pudo ir más a aplicarle las inyecciones, mi familia me necesitaba”.

Feliz mira a su esposa y le pide que le ayude a recordar el año en que sucedió esta historia, él dice 1989 y ella lo mira seria y lo corrige…1990 dice.

Esta señora toba a la que Feliz ayudo murió hace aproximadamente 3 meses, antes de que la policía intentara desalojar a los QOM de la ruta que mantenían cortada en reclamo de sus derechos territoriales. Antes que Feliz comenzara una huelga de hambre en la Capital Federal. Esta señora a la que le dedico este relato, mi hermana QOM, nuestra hermana vivió veinte años gracias a las pelotas que tiene este “INDIO” de casi dos metros que golpea la puerta que tenga que golpear.

Este “INDIO” que, como dicen algunos cortos de ideas usa jeans y celular, hoy nos contó que tres veces lo fueron a buscar a su casa para asesinarlo, nos contó que el gobernador KIRCHNERISTA Gildo Insfran intentó en estos días convocar a todos los caciques de la provincia para mostrarle a Feliz que nadie lo apoya… ¿saben que paso con la convocatoria? A Gildo le volvieron los micros vacíos, ¿imaginan esa foto? Una TROMPADA simbólica, llena de paz, llena de solidaridad.

¿Saben que me pasa todo el tiempo cuando intento tipear la palabra “FELIX”? Pifio la x y escribo Feliz… me pasa desde que escribo sobre Felix Díaz, Cacique de la comunidad toba QOM La Primavera. Me pasó hoy cuando lo escuché hablar, lleno de convicciones, lleno de paz, de miedo, de valor, lleno de hermanos, de verdad, FELIZ… luchando transmite eso, la felicidad de saber que esta haciendo lo correcto.


En Twitter:
@lisandroarijon


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