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martes, 17 de agosto de 2010

Los temores de Clarín en números

De acuerdo con lo declarado por las empresas del monopolio a la Comisión Nacional de Valores, las ventas netas consolidadas del Grupo Clarín en 2009 fueron de $6.678,8 millones. A precios constantes –sin deducir la inflación– significa un crecimiento del 16,4% anual (en 2008, las ventas fueron de $5.736,1 millones).
Clarín logró una posición monopólica en varios segmentos donde opera. El más significativo y el que más dolores de cabeza le produce a Magnetto es el de la televisión por cable. Aquí tiene dos frentes abiertos. Por un lado, porque en marzo pasado el Estado anuló la fusión de Multicanal y Cablevisión, dando por tierra la autorización que la había avalado en 2007. A través de estas empresas, en 2006, el Grupo Clarín concentraba el 57% del mercado nacional de televisión paga. En la Ciudad de Buenos Aires, resulta el 85% del total de abonados, en La Plata el 94%, en Avellaneda el 89%, en Berazategui el 82%, en San Martín el 87%, en Lanús el 90%, en Morón el 84%, en San Isidro el 94%, en Tigre el 92%, en Tres de Febrero el 89% y en Vicente López el 94%.
Fuera del conglomerado de la Ciudad y del Gran Buenos Aires, el Grupo Clarín tiene presencia monopólica en otras grandes ciudades. En Córdoba tiene el 85% del total de abonados, en Santa Fe el 78%, en Paraná el 80% y en Santa Rosa el 95%.

Licencia para controlar. El número de licencias resulta agobiante en su contabilidad. A través de Cablevisión, controla 101 licencias sólo de cableoperadores; con Multicanal, 95 licencias; con Teledigital Cable, 26; y finalmente, a través de Televisión Digital, 12 licencias más. A estos números deberían sumarse las extensiones de licencias, que involucran a más de una localidad.
El gran problema de Magnetto es que, además de encontrar candidatos para 2011 que lo defiendan, necesita convencer a la Justicia de que estos datos no desnudan una posición dominante de mercado y que, en cambio, son una garantía a la libertad de expresión.
Según las declaraciones realizadas a la Bolsa, “de las ventas totales del Grupo Clarín en 2009, el segmento de la Televisión por Cable y acceso a Internet se consolidó como el principal motor de ingresos del Grupo con 4.219,0 millones de pesos”.
Hay una confesión de parte en quien se opone a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual vigente que le impone desprenderse de licencias a quien tenga posiciones monopólicas. La defensa que argumentan los laderos de Magnetto es que tienen “derechos adquiridos” previos a la Ley 26.522. El problema es que no existen derechos adquiridos a ejercer conductas monopólicas. Entre otras cosas, porque esas prácticas –apoyadas por lobbies poderosos– ya violaron las leyes anteriores e hicieron de ese incumplimiento de las normas regulatorias una estrategia de crecimiento.
El artículo 45 de la ley establece limitaciones a la concentración de licencias de servicios audiovisuales, con el objetivo de “garantizar los principios de diversidad, pluralidad y respeto por lo local”.

Plazo para desconcentrar. El artículo 161 de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es el que fija el plazo perentorio de un año para que las empresas regularicen ante la autoridad de aplicación la cantidad de licencias que operan. Es decir, Clarín deberá desprenderse de lo que, hasta ahora, logró en base a concentrar poder independientemente de las normas vigentes.
En este sentido, la nueva norma es un punto de inflexión en la historia institucional del país. La nueva ley incorporó en su texto no sólo el espíritu, sino la letra de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión elaborados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Uno de esos principios reza: “Los monopolios u oligopolios en la propiedad y control de los medios de comunicación deben estar sujetos a leyes antimonopólicas por cuanto conspiran contra la democracia al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el pleno ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos.




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